La Pascua


La pascua es nuestra principal celebración como cristianos. En ella recordamos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos. Pero para comprenderla mejor, debernos estudiarla en el contexto de la historia de la Iglesia, y especialmente en el contexto de la Cuaresma.

¿Qué es la cuaresma?

La cuaresma es un período de tiempo litúrgico, tradicional en la iglesia desde hace siglos, que abarca desde el miérco­les de ceniza hasta el día jueves santo.

La iglesia Evangélica Luterana Argentina, como la Iglesia Católica también, incluye esta celebración dentro de la liturgia, a diferencia de los grupos evangélicos, mormones, testigos de Jehová, adventistas, etcétera, por lo que se puede afirmar que nuestra iglesia es una iglesia litúrgica, y tradicional también.

En el período de cuaresma nos preparamos para algo muy especial. Es la celebración fundamental de la iglesia cristia­na, desde los primeros discípulos de Jesús. Se trata de la fiesta de pascua. No es la pascua judía, es la pascua cris­tiana. Ya veremos las diferencias más adelante.

La palabra cuaresma proviene del latín: cuadraginta, o cuadragésima que significa cuarenta (40). Y en la iglesia corresponde a un período de cuarenta días, aproximado, que comienza el miércoles de ceniza (este año fue 25 de febrero) hasta el jueves santo (9 de abril), en el que no se cuentan los días domingos.

Historia de la cuaresma.

La cuaresma comenzó con un ayuno comunitario de dos días de duración: viernes y sábado santos (días de ayuno), que con el domingo formaron el llamado "triduo". Era un ayuno más sacramental que ascético; es decir, tenía un sentido pascual (participación en la muerte y resurrección de Cristo) y escatológico (espera de la vuelta de Cristo espo­so, arrebatado momentáneamente por la muerte).
Poco después en los escritos de los padres apostólicos, como san Ireneo, se había de una preparación que dura una semana en la que se ayuna, si bien el ayuno tiene ya tam­bién un sentido ascético, es decir, de ayuno, abstinencia, sacrificio, mortificación.

A mediados del Siglo III el ayuno se extendió a las tres semanas antecedentes a la pascua. Era un ayuno de pre­paración de tres semanas. Se ayunaba todos los días, excepto el sábado y el domingo.

A finales del Siglo IV se extendió el "triduo'* primitivo al jueves y se contaron cuarenta días de ayuno, que comen­zaban el domingo primero de la cuaresma.

Pero a finales del Siglo V, los ayunos tradicionales del miércoles y viernes anteriores a ese domingo primero de cuaresma cobraron tal relieve, que se convirtieron en una preparación al ayuno pascual.

Durante los siglos VI y VII varió el cóm­puto del ayuno. De este modo, se pasó de una cuadragésima (cuarenta días: del primer domingo de cuaresma hasta el jueves santo, incluido), a una quíncuagésima (cincuenta días, contados desde el domingo anterior al primero de cuaresma hasta el de pascua), a una Sexagésima (sesenta días, que retroce­den un domingo más y terminan el miércoles de la octava de pascua) y a una septuagésima (setenta días). Este período tenía carácter ascético. Aquí aparece la prohibición de comer carne durante toda la cuaresma como una obligación de la Iglesia, y otras prohibiciones de carácter obligatorio y ascéti­co, como por ejemplo» la de tener cualquier tipo de contacto sexual con la pareja durante la cuaresma. La prédica constante era “paenitentiam agite” hagan penitencia. Se comienza a ver la cuaresma como un tiempo de prohibición, sacrificios y penitencia, tal como se nos acerca hoy en día, por parte de ciertas iglesias, aunque con menos rigidez por cierto. Por tanto, la cua­resma como preparación de la pascua cristiana se desarrolló poco a poco.

Hoy, en todas las iglesias de carácter litúrgico, como la Iglesia Evangélica Luterana Argentina, la cuaresma es vista y practicada como un símbolo, un tiempo de reflexión, de acercarse a Dios. La cuaresma es una tradición, no está pre­gonada en la palabra de Dios como una obligación, sino que es una buena costumbre que nos hace reflexionar sobre nuestra situación frente a Dios, comprendiendo el sentido del sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo.

¿Por qué cuarenta? ¿qué significa ese numero?

Antes de que la cuaresma fuera instituida formalmente por la iglesia, ya existían en el pueblo de Israel "prácticas cuaresmales" de penitencia, ayuno y oración: en el antiguo testamento se nos relata el ayuno de Moisés (Ex. 34:28), que duró cuarenta días en el Monte Sinai. El precepto de la Ley (Lv. 16:29-31), donde Dios insiste en que su pueblo se entristezca por sus pecados. La penitencia de Nínive (Ja 3:1-4), donde Jonás les advierte que si no se arrepien­ten serán destruidos en cuarenta días. Elias caminó durante cuarenta días hacia el Horeb. La marcha de los judíos por el desierto duró cuarenta años. Jesús se retiró durante cuarenta días en el desierto antes de comenzar con su ministerio público.

Cuarenta (o cuaresma) es un número simbólico que expresa un tiempo de preparación para algo muy importante que va a suceder, y eso para nosotros es la pascua, la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La cuaresma, que antecede a la pascua, no debe entenderse ni practicarse sino en función de la pascua misma. Nos preparamos orando, comprar-tiendo la palabra de Dios y ayunando, si es nuestra decisión, para la resurrección de Jesús, hecho que en nosotros también es' "Vida eterna" y resurrección postrera.
La Pascua

La palabra pascua proviene del hebreo PESAJ, que luego fue transliterada al griego PASHA, y que significa paso. Si recordamos bien, en la Biblia se nos relata en Éxodo, capí­tulo 12, la pascua como una institución divina, como una orden explícita de Dios a su pueblo, que desde ese momento, el primer mes del año, tendría una fiesta anual en la que sacrificarían un cordero a Dios, lo comerían, comerían panes sin levadura y pintarían con la sangre del cordero las puertas de sus casas. Esto sería en conmemoración de la liberación del poder de los egip­cios por el poder de Dios, y ellos lo recordarían siempre, especialmente el milagro de la preservación de sus hijos pri­mogénitos, cuando los hijos de los egicios morirían.

Dios bendijo a su pueblo, a través de esta fiesta y esta cos­tumbre, liberándolos y dándole la posibilidad de escapar de la esclavitud en la que vivían, bajo el yugo del pueblo egipcio.

El paso del mar Rojo

La pascua se relaciona con el "paso" del Mar Rojo que, como relata la Biblia, sucedió inmediatamente después de la salida de los esclavos judíos de Egipto: "Seiscientos mil hombres a pie, sin contar los niños. También salió con ellos una inmensa muchedumbre de gente de toda clase, y gran­des rebaños de ovejas y vacas" Éxodo 145-30.

El sentido cristiano de la pascua es diferente, aunque guarda muchas concordancias con la pascua judía. Nuestro Señor Jesucristo resucitó en la pascua hebrea. Por eso la fecha de cele­bración de la pascua a veces coincidía con la pascua judia. Para nosotros la pascua es la gran fiesta de la resurrección. Jesús resucitó en la pascua hebrea. Por eso la fecha de celebración de la pascua es la gran fiesta de la resurrección. Jesús resucitó en pascua y esta fecha adquiere desde Cristo hacia nosotros un carácter muy importante; Cristo es "el paso" de la muerte a la vida. Es "el paso" de la cruz a la resurrección. Y él mismo nos prometió que nosotros también resucitaríamos, y que va a preparamos un lugar postrero, junto a él.

Que en esta pascua, como el pueblo de Israel, rememoremos la acción de Dios hacia nosotros. Somos frágiles y pecadores, nada podemos hacer por nuestra salvación. Jesús, el cordero de Dios, ha tomado nuestro lugar. Él dio "el paso" que nadie mas podía dar, para que tengamos la vida eterna. Entonces, no con­vierta la cuaresma y la Pascua en una costumbre sin sentido, fría y sin apatía. Vívala en oración, arrepentimiento y fe.

Escrito por el Pastor Edgardo Savucci, Río Cuarto, Córdoba

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